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ALTOS
DEL ROSARIO
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Entre 1617 y
1637, el alcalde ordinario de Mompóx, el alférez
Diego Ortíz Nieto, organizó varias partidas
y expediciones de soldados para atacar a los
rebeldes de Tiquisio y Norosí, que estaban en
los palenques y querían infestar la villa. Fue
así como descubrió las fértiles tierras de la
zona del Alto, Guacharaco y los cerros de Norosí
y Tiquisio, en tierras cultivadas de maíz y
otros productos. La persecución y el ahuyentamiento
de éstos, Diego Ortíz Nieto, viendo que en la
región había tierra muy buena para fundar hatos
de ganado, estancias de cacao, para abastecer
a Cartagena y las Reales galerías. Este esfuerzo
lo premió el gobierno con la merced de Las Tierras
de Loba en 1637.
El Palenque más cercano a la región de “El Pelao”
( Nombre que inicialmente tomó Altos del Rosario),
del cual se tiene conocimiento, fue el de Norosí,
que llegó a tener varios millares de cimarrones
que llegaron a controlar, no sólo la producción
agrícola de la zona, sino, también la minera;
Independientes, ya que no reconocían la autoridad
del Rey de España. Norosí ha mantenido una notable
tradición de autonomía rebelde hasta hoy. (Por
allí parece ser existieron otros palenques (
Lorenzana, Palizada, Papayal, Musangá, etc.)
Con estos hechos como argumentos que satisfacían
parcialmente la norma legal de “Morada y labor”,
exigida por las leyes de Indias, Ortíz Nieto
aprovechó el paso por Mompóx del nuevo gobernador
interino de la provincia de Cartagena, Nicolás
de la Raspug, para pedir el reconocimiento de
las expediciones hechas por su cuenta contra
los cimarrones de Loba, Tiquisio y Norosí. Convenció
al gobernador de que le concediera aquellas
tierras en retribución de sus servicios al rey.
Las tierras pedidas sumaban 200 caballerías,
según las cuentas de Ortíz, que siguiendo las
reglas del oidor villabona y Zubiaburre, equivaldrían
a 84.600 Has. No obstante, aplicando un mapa
moderno, los confusos linderos de esta inmensa
propiedad, el área adquirida por Ortíz Nieto,
fue aproximadamente de 150.000 Hectáreas.
Los linderos iban: Por la banda del río grande
de la Magdalena, aguas arriba, frente al sitio
llamado El Banco, corriendo por la montaña firme,
terminando en la ciénaga de la culebra; Desde
la ciénaga de palenque y caño del Rosario, con
el cerro de Tapoa, por la ciénaga de Sapán,
donde van los ganados en tiempo verano, sabanas
del corozo, formando playón para el ganado;
por el brazo del hacha que corre hacia el río
Cauca y el otro que llaman bocas de Cicuco,
que corre hasta los ejidos playones de la Villa
de Mompóx, aguas arriba por el cauca, pasando
por Algarrobo, hasta la boca del Caribona. En
esta superficie quedan incluidas todas las tierras
y laderas de San Martín, Barranco y Hatillo
de Loba, que como se ha visto, ya no tenían
habitantes indígenas[11].
Para Diego Ortíz Nieto, era difícil controlar
tan inmensa propiedad, aunque construyo casa
y Ermita en Escubillal (Frente al Alto), bajando
por la ladera de Barranco de Loba. Allí alojó
la mayoría de sus 50 esclavos negros y colocó
un administrador. Al ganado lo dejó crecer y
multiplicarse en las fértiles sabanas y playones
que de ahí se extendían en todas las direcciones;
organizó una explotación señorial esclavista,
típica del siglo XVII.
Don Diego hubo de compartir esa gran extensión
de tierra, no cabe duda. (Según documentos que
aparecen en la Notaría de Mompóx, dejados por
los marqueses de Torres Hoyos, ellos serían
los siguientes herederos, de este latifundio,
después de una serie de demandas y pleitos por
la herencia).
Debido a la gran extensión de las Tierras de
Loba, hubo una invasión de ocupantes independientes.
Unos eran los negros cimarrones sobrevivientes
de las anteriores expediciones punitivas, algunos
escapados del dominio de don Diego Ortíz y otros
de Mompóx. Parte de este grupo, fueron los que
inicialmente habitaron en lo que hoy es Altos
del Rosario, objeto de nuestra investigación.
El otro grupo era conformado por vecinos libres
de vínculos de servidumbre, gente pobre y trabajadora,
blancos, mestizos, mulatos, que fueron entrando
a estas tierras, casi sin que su dueño se enterara.
Pero hubo otra invasión de estas tierras, que
para nuestros fines, era todavía más significativa:
La de los colonos libres, que nunca pagaron
a don Diego ni a sus administradores, el terraje
por el uso de la tierra, u otra obligación.
Había españoles pobres en este grupo, gente
segundona venida a América, al amparo de algún
gobernador, quienes no pudieron obtener nunca,
mercedes de tierras o distinciones administrativas,
que les permitieran hacer fortuna.
Estos esforzados colonos libres y pobres, ocuparon
las riberas del Brazo del Rosario, empezando
por la ribera río arriba, a 9 leguas de Barranco,
en el sitio denominado “Comemiel”. Tal fue el
amontonamiento de estas viviendas que en 1660,
adquirió la forma de pueblo, donde la gente
dormía y salía todos los días a trabajar a los
campos. A este caserío se le llamó Loba la Nueva,
para distinguirla de la zona de los Terrajeros,
sumisos a don Diego Ortíz, que llamaban Loba
la Vieja, cuya casa principal de administración
quedaba en Escubillal, como se dijo anteriormente.
El auge de los invasores había aumentado, entre
1750 y 1800 y sin llegar a ser Palenques, se
forma el pueblo de Barranco de Loba y en 1810,
se inicia la población El Pelao y casi al mismo
tiempo Tiquisio, entre otros, conformados especialmente
por esclavos de la región de Loba la Vieja y
las minas de Loba. Las tierras del “Pelao” y
toda esa región de la parte alta de la cordillera,
se estaban convirtiendo en el gran refugio preferido
del Cimarronismo y de toda la gente que quería
librarse en alguna forma del sistema colonial.
Para finales del Siglo XVII y comienzo del XVIII,
las tierras de Loba pertenecían a la Marquesa
Torre Hoyos, luego de una lucha y pleitos con
los herederos de don Diego Ortíz Nieto, en cabeza
de su hija y principal heredera, María Ortíz
Nieto[12].
Después de la muerte de doña María Ortíz, ocurrida
en Mompóx, en el año de 1710, y sin heredero
alguno, quedando en poder del presbítero Momposino,
doctor Domingo de la Rocha y Labarcés, al morir
éste, las tierras fueron nuevamente rematadas
y quedaron en manos del capitán Matías de la
Sala, en 1738.
En 1745 estas tierras fueron adquiridas por
don José Fernando Mier y Guerra, uno de los
personajes más importantes de esa época en Mompóx.
En esta lucha por la posesión de tierras y playones,
esta propiedad de Mier y Guerra, pasó a un nuevo
nivel de complejidad en toda la región, en el
que desempeñaban las dominantes familias de
Mier y Trespalacios y sus descendientes: Los
nobles, Hoyos, Epalza y Ribón. Las tierras de
don Fernando Mier y Guerra, fueron heredadas
en 1800 por la hija de la Marquesa María Josefa
Isabel de Hoyos, doña Dominga de Epalza Hoyos
y Mier, como sobrina bisnieta directa del señor
Mier, quien no tuvo hijos. De esta larga cadena
genealógica, doña Dominga entrega las tierras
de Loba a su hijo político, Dr. Pantaleón Germán
Ribón en 1840, para que las administrara y de
muy mala recordación, por los abusos que este
cometió contra los campesinos de Loba y de la
isla de Mompóx. En esta época prácticamente
se acaba el mayorazgo, por intereses políticos,
económicos, que más adelante sería interesante
investigar.
Las primeras familias de negros esclavos, que
se tiene conocimiento habitaron nuestro territorio
a partir de 1810 fueron: Los Hoyos, Epalza,
Ardila, Trespalacios, Méndez, Imbreth, Salas,
Morelo, Ardila, Vásquez, Cogollo, Morales, Mieles
y Camargo, entre otros.
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