Fecha de fundación:
03 de octubre de 1876
Nombre del/los fundadores:
Antonio Lebrija .

Reseña histórica:
Reseña Histórica del Municipio
de Lebrija
Esta reseña comprenderá: la formación
geológicas de nuestras tierras, la cultura
Guane, los efectos de la conquista española
en Santander, el campamento de Cantabria y su
posterior poblado, la descripción del
Llano de los Ángeles, la razón
del nombre del municipio de Lebrija y su evolución
en el tiempo de vida institucional.

Geología
Para quienes
no conocen los tecnicismos idiomáticos
de la geología, el lenguaje de este tema
encierra ideas de poca comprensión que
sólo caben en los estudiosos de esta
ciencia; no obstante, sin esa información
que es el tablado del escenario geográfico
del municipio, no se sabría cómo
apareció el suelo lebrijense sobre el
cual se inicia la historia de nuestras culturas
indígenas, de la conquista, de los hechos
más importantes del municipio y que también
atañen a otras geografías del
departamento de Santander.

Conocer el origen de
su suelo y subsuelo facilita comprender, porqué
en él se asentó la cultura guane
que dio origen a nuestra raza y por qué
fue importante en el arte agrario, minero e
industrial.
El Geólogo Pedro
Hernando Herrera D. coordinador del ordenamiento
territorial de Lebrija resume así la
historia de la formación geológica
de las áreas terrestres de las que hace
parte nuestro municipio:
“A través
del período triásico superior
(210 m.a.) las rocas más antiguas del
emergente macizo de Santander fueron sometidas
a un proceso de orogenia que generó un
levantamiento y erosión de estas unidades
que conllevó a depositar los sedimentos
de la formación Bocas.

En este período
se registró un emplazamiento de batolitos
calco-alcalinos en el macizo; pero, hacia principios
del Jurásico, la meteorización
y degradación de estos cuerpos plutónicos,
sirvieron de base para la generación
de detritos que sedimentaron la formación
Jordán en un ambiente continental.
Seguido a este
depósito de sedimentos se dio un nuevo
evento orogénico que durante el jurásico
(142 m.a.) ocasionó la erosión
de los batolitos, formando así, las areniscas
y conglomerados silicios de la formación
Girón, los cuales fueron depositados
en las cuencas locales.

A principios del cretácico
(135 m.a.) ocurre un evento de trasgresión
marina que según Etayo - Serna (1976),
definen como una mar epicontinental entre el
escudo de la Guayana, al Este, y una cadena
volcánica (Cordillera Central) al Oeste,
que aportaron el material para el depósito
de todas las unidades cretácicas (85
m.a.); pero, a finales de este período,
la trasgresión fue interrumpida por tres
eventos de levantamiento y erosión, referenciado
en el depósito de la formación
La Luna, en un ambiente nerítico y en
los sedimentos transicionales de areniscas conglomeráticas
de la formación Umir.
El terciario
(65 m.a.) registra un depósito de origen
continental en los ambientes deltaicos y lagunales
de la formación Lisama y el grupo Chorros,
los cuales contienen importantes y extensos
mantos de carbono. El diastrofismo continuado
que se hizo presente en este período
ocasionó la erosión de las unidades
cretácicas existentes, las cuales sirvieron
como base para la sedimentación de las
rocas terciarias.

Los depósitos
cuaternarios son los de origen más reciente
y están representados por los sedimentos
del valle aluvial del Río Lebrija, formados
a partir del material proveniente de la meteorización
y erosión de las rocas aflorantes a lo
largo de la cuenca del Río Suratá
y posterior Río de Oro; mientras que
los depósitos coluviales se establecieron
por la degradación de las blandas capas
arcillosas y arenosas que hacen parte de las
unidades Cretácicas y Terciarias, que
consolidan los cerros más altos del municipio.
Cultura Guane
Según
el historiador de nuestra tierra, Ramón
Mantilla Herrera (2.003), nuestra prehistoria
encierra el contenido de la cultura Guane, tribu
que habitaba toda nuestra gran región
central santandereana, de sur a norte, desde:
Zapatoca, Betulia, Galán, La Fuente,
Guane, Barichara, Cabrera, San Gil, San Juaquín,
Curití, Aratoca, La Mesa De Los Santos,
Girón, Piedecuesta, Floridablanca, Bucaramanga
y Lebrija.

A nuestro municipio corresponde
una buena parte del área territorial
de esa cultura. Desde las tierras de Angulo,
La Puente y Piedras Negras, en el sur, hasta
Cuzamán, La Victoria, El Oso, Aguirre
y Aguada, en el norte, se extendió su
dominio.
Según la descripción
física y el concepto sociológico
del cronista español, don Juan de Castellanos,
(en Elegías de Varones Ilustres de Indias
(Caracas 1.930), la etnia Guane tenía
características muy especiales: era de
gente limpia, curiosa, de rostros aguileños
y facciones de linda y agraciada compostura.
Las mujeres hermosas, coquetas, dispuestas y
de buen genio, que excedían en belleza;
de piel blanca, canela y trigueña.
Su comportamiento humano
y su aptitud linguística crearon la condición
que facilitó el mestizaje Guane- Español,
el aprendizaje del culto religioso y el idioma
de Castilla. El afecto por el molde y estructura
de la nueva lengua los llevó, muy rápido,
al olvido de su dialecto nativo. En el habla
de nuestros habitantes del campo, después
de tantos años y de la evolución
del español americano, aún quedan
vestigios de ese lenguaje del siglo XVI traído
de Castilla; por ello, no es raro escuchar en
nuestra tierra palabras como: puay, topé,
jeroz, toitico, enapenas, apiarse, palante,
pitoso, marruncho…
Los relatos de tradición
oral, hechos por: Esteban Ríos Colmenares
(1.948), Rafael Uribe (1.950), Ester Vargas
de Diettes (1.950), Roberto Mantilla (1.951),
Juan de Jesús Peña (1.950), Dominga
Rueda (1.953), Martín Hernández
(1.955), Roso Herrera (1.960), Eloy Vásquez
Arenas (1.960), José Domingo Reyes Serrano
(1.961) y el presbítero Manuel Antonio
Doroteo Martínez Trillos (1.963), entre
otros, Coinciden en señalar que los Lebrijenses,
en un alto porcentaje, somos producto del mestizaje
Guane-Español y que las costumbres que
vivieron ellos, sus padres, abuelos y tatarabuelos,
que en promedio sumaban 300 años de generación,
provienen de esta raza.
Estos patriarcas Lebrijenses
no dudaron en calificar a la etnia Guane, por
la naturaleza de sus oficios sedentarios, de
pueblo pacífico que se distinguió
en la comarca por su trato amigable. Su moral,
laboriosidad y comportamiento social, fueron
aprendidos de su maestro Nenqueteva, cuando
del sur, de la tierra de los Chibchas y los
Muiscas, vino, según las creencias de
esta etnia, hasta el dominio de los Guanes,
como enviado del más allá, para
socializar la hermandad, el credo a su divinidad
y el amor por el trabajo; en especial, el avance
en la agricultura y sus métodos de regadío.
Fundamentaron su economía
en el agro, minería, industria, caza
y pesca. Cultivaron: maíz, yuca, tabaco,
patatas, calabazas, ahuyamas, plátano,
algodón y fique. Recolectaron oro de
aluvión, piedras y cuarzos. Trabajaron
el barro para hacer recipientes y para utilizarlo
en construcciones de bahareque en sus bohíos.
Hilaron algodón y fique y elaboraron
mantas a color. Intercambiaron productos agrícolas
e industriales con las tribus vecinas del sur:
Muiscas y Laches.
Los que habitaban las
tierras del sur de Lebrija fueron ante todo
agricultores, hiladores, tejedores de mantas
de algodón y fique; procesadores de la
palma de nacuma para las esteras de rusque;
alfareros de vasijas y moyas. Los del norte,
más cercanos a los ríos y quebradas,
a las zonas boscosas de Santa Rosa, Aguirre,
la Victoria y Cuzamán, fueron pescadores
y cazadores; mineros del río de oro,
los que habitaban las laderas de la Aguada,
El Oso y Llanadas. Sus relaciones eran más
cercanas con los Chitareros del oriente, los
Chiriguaníes del norte y los Yariguíes
del occidente.
La Conquista
En su labor cotidiana
y pacífica los encontró la invasión
conquistadora de España de 1.528 a 1.533.
Ambrosio Alfinger, Gobernador de Coro, nombrado
por la compañía Welser o Welzares,
en virtud del contrato de concesión firmado
entre ésta y el emperador Carlos V.,
el 27 de marzo de 1.528, fue el primer conquistador
que pisó las tierras de Santander por
la región del Río Lebrija. Llegó
por el norte. Venía de Maracaibo. Penetró,
abusivamente, en tierras adentro de La Gobernación
de Santa Marta; recorrió parte de las
Serranías de Perijá y de los Motilones,
el Valle del Cesar y Chiriguaná, el valle
del Magdalena adjunto al piedemonte de la Cordillera
Oriental, hasta la parte, en la que el Río
Lebrija, aumentado por quebradas caudalosas,
El Río Negro, El Suratá y El Cáchira
empieza su amplio valle y su curso bajo, hacia
el río de la Magdalena.
Efectuó dos expediciones.
En ambas se caracterizó el conquistador
por su agresividad y mal trato con los esclavos
africanos que traía y los nativos que
encontró en nuestras tierras. La crueldad
y la avaricia de Alfinger fueron castigadas
por los chitareros, cuando en combate, en su
segunda venida a tierras de Santander, fue herido
en su garganta por una flecha envenenada. Falleció
en Chinácota cuando pretendía
su regreso a Coro.
En su ruta trajinada,
asoló riquezas, labranzas y costumbres
indígenas. Fue el Atila americano en
las tierras de Santander. Según Mantilla
Herrera, en su libro histórico: (Lebrija:
Evocación de su Pasado, Vivencias del
Presente, Visión de su Futuro, pag.36)
en su primer viaje estuvo en los terrenos de
Cantabria; fue quien le dio el nombre al asentamiento
de chozas construidas por sus hombres, a los
que dejó a la deriva cuando de regreso
a Coro les prometió volver con más
fuerzas, municiones y expedicionarios.
Esta fundación
en tierras no peligrosas y de clima favorable,
se hizo antes de llegar a la meseta de los Caracoles,
(Laguna de San Mateo en Bucaramanga) lugar en
el que existía el asentamiento Guane
más numeroso de la región, (más
de dos mil habitantes). El campamento de Cantabria
de aquella época se constituyó
en el poblado que dio origen al municipio de
Lebrija. Así pues, dicho caserío,
fue el primer asentamiento creado por el teutón
en tierra adentro de la Gobernación de
Santa Marta, hacia los primeros meses del año
de 1.529.
Cantabria
Por muchos años,
fue un poblado olvidado. Su prosperidad se conoce
en la primera mitad del siglo XIX. Sus casas
ya eran construidas con paredes de tierra pisada
y cubiertas con teja española. Sus calles
fueron simétricas y angostas; algunas
empedradas y, otras, con su piso de tierra.
Quienes la conocieron siendo aún adolescentes,
a finales del mismo siglo, cuando el asentamiento
estaba en su plena madurez, (don Gorgonio González,
don Gregorio Rueda, don Celedonio Pinilla, don
Martín Hernández, don Jerónimo
Mantilla, don Guillermo y don Rafael Reyes,
don Roberto Delgado, don Evangelista Prada,
don Felipe Picón, Doña Ester Vargas
de Diettes, Doña Dominga Rueda, Don Crisóstomo
Rueda, don Vicente Plata Ardila, y muchos más)
expresaron que las fiestas tradicionales de
San Antonio de Padua, movían a toda la
comarca santandereana y parte del sur de Boyacá.
Las peregrinaciones del
13 de junio y las de los primeros martes de
cada mes llenaban el poblado a reventar, hasta
el año de 1.944 cuando el padre Antonio
Martínez Trillo decidió acabar
con las fiestas del Taumaturgo de Padua o San
Antonio de Cantabria como era conocido por la
feligresía, “por haberse convertido
en una festividad pagana más que católica”,
según palabras verbales del presbítero.
El retiro de la imagen del Santo y la clausura
de la fiesta, le dio entierro de tercera a la
vida de Cantabria.
Llano de los Ángeles
Lebrija hunde sus raíces
en las descendencias de los pobladores de Cantabria.
Por la influencia del camino del Tirabuzón,
arteria de la comunicación terrestre
entre Bucaramanga y el mundo europeo, por medio
de los caminos reales y los ríos Lebrija,
Sogamoso y Magdalena, se estableció una
estación obligada de descanso de las
arrierías en el Llano de los Ángeles.
Este llano, era una pequeña
depresión; una taza topográfica
rodeada de colinas: La Antigua, por el sur;
Santa Bárbara, por el oriente; El Pórtico
y la Loma de la Cruz por el Norte; Bella Vista
y la Loma de las Cometas por el occidente. Entre
ellas se abrió paso la quebrada de Las
Raíces ya recibidos las afluentes de
La Popa, Los Guayabos, Los Cauchos y La Calavera,
formando el valle que le dio origen al llamado
Llano de los Ángeles y Campoalegre.
A éste valle se
trasladaron primero los cantabricenses; y más
tarde, bumangueses, gironeses, betulianos y
zapatocos que tenían espíritu
de comerciantes. Ellos organizaron negocios
de pensiones y hospedería con pesebreras,
guaraperías, fabriquines de cigarros,
herrerías, silleterías, almacenes
de enjalmas y tiendas de víveres para
los arrieros y los andantes del camino hacia
la civilización europea.
Por ese río terrestre
del Tirabuzón para la provincia de Soto,
al igual que el de Zapatoca, San Vicente, Barrancabermeja,
para las provincias de Guanentá y Comuneros,
fluía todo el comercio de importaciones
y exportaciones de Santander hacia España,
Inglaterra y Alemania, en la segunda mitad del
siglo XIX. Así, el Llano de los Ángeles
tomó la importancia y desarrollo que
no pudo mantener Cantabria por hallarse apartada
de la vía.
Desde la primera mitad
del referido siglo, el crecimiento del caserío
fue vertiginoso; se cree que tenía cerca
de mil setecientos habitantes y doscientas casas
con un promedio de ocho personas por vivienda.
Hacia 1.871, por la ley 15 del Estado Soberano
de Santander, en la ciudad del Socorro, su capital,
don Rufino Serrano García, como Diputado
Proponente, obtuvo para este asentamiento la
calificación de Aldea. Aldea era más
que caserío; tenía la connotación
de conglomerado de habitantes con viviendas
y costumbres de baja cultura. La ley quedó
ejecutoriada el 1º de enero de 1.872.
Cinco años más
tarde, el mismo Estado de Santander, por medio
de la ley 16 del 3 de octubre 1876, le concede
el estatus institucional de Municipio, por el
crecimiento de su población y la importancia
comercial capaz de sostener una administración
propia.
Nombre Actual del Municipio
El nombre de Lebrija
le fue dado como homenaje a la memoria del ilustre
personaje Español don Antonio Martínez
de Cala y Xarana, más conocido como Elio
Antonio de Lebrija, nombre que, por amor a su
patria chica, tomó el políglota
después de su regreso de la formación
académica adquirida en las universidades
de Florencia, Roma, Bolonia, Pisa y Padua, en
Italia. Era común que las grandes personalidades
en Europa se pusieran como apellido el nombre
de su pueblo (Erasmo de Rótterdam- Francisco
de Asís- Fray Luis de León, Antonio
de Padua y otros.). Don Antonio Martínez,
como los anteriores, hizo con su nombre, honor
al sol, a Italia y a Lebrija.
Lebrija fue el sol intelectual
que brilló en España en el siglo
XV. El humanista más grande del renacimiento
español de las primeras décadas
del siglo XVI; de él bebieron su fundamento
lingüístico, Calderón de
la Barca, Tirso de Molina, Santa Teresa, Miguel
de Cervantes Saavedra y los escritores del siglo
de oro Español.
Autor de muchas obras;
entre ellas, su reconocida Gramática
Castellana editada en 1.492. Fue el libro obligado
por los Reyes Católicos, para estudiar
el castellano, en los reinos de Castilla, Aragón
y América. Lo trajeron los conquistadores
como libro de cabecera para enseñar el
idioma Castellano en el nuevo reino de Granada.
Por esta razón, Lebrija fue, históricamente,
el intelectual más conocido de España
y de América en tiempos de la conquista.
Dicen sus biógrafos
que gente de Sevilla, Alcántara, Cádiz
y hasta del centro de España, para honrar
a su paisano, se cambiaron el nombre por el
de Antonio de Lebrija porque fue el apelativo
de moda durante la primera mitad del siglo XVI.
Por esta razón, don Braulio Diettes y
sus seguidores, en buena hora, eligieron para
nuestro municipio el nombre de Lebrija, en honor
a don Elio Antonio y su pueblo natal, muy referido
por las generaciones procedentes de Cantabria.
Por qué Don Elio
Antonio no estuvo en América
Las versiones de historiadores
que señalan a don Antonio de Lebrija
como visitante de nuestras tierras no son coherentes
con la existencia del Lebrijano. La conquista,
tierra adentro, de la Gobernación de
Santa Marta-Coro, ordenada por García
de Lerma a capitanes expedicionarios, comenzó
en 1.527 y la que más avanzó sólo
llegó hasta la isla de Monpós
y regresó a Santa Marta. En 1.534 falleció
García de Lerma y lo reemplazó
Fernández de Lugo. El retomó la
obra de la conquista del interior con la expedición
del capitán Gonzalo Jiménez de
Quesada la cual salió de Santa Marta
el 5 de abril de 1.536, llegó hasta Tamalameque,
localidad en la que permaneció hasta
el mes de Julio. En octubre se acercó
a la Tora (Barrancabermeja). En diciembre tomó
la Cordillera Oriental en busca de la sal que
utilizaban los Yariguíes para sazonar
sus alimentos y en agosto de 1.537 llegó
a la sabana de Bogotá.
El capitán Antonio
de Lebrija, natural de Alcántara, que
acompañó la expedición
de Quesada en calidad de tesorero del ejército
fue uno de los muchos Antonios de Lebrija que,
por aprecio a Don Elio Antonio, el políglota,
se rebautizaron con su nombre. Por eso, en la
población de Alcántara, no son
conocidos ni su nombre ni las hazañas
de este hombre que aparece en el ensayo sobre
la antigua Cundinamarca y que obsequió
el General Juaquín Acosta a la Biblioteca
Nacional. Este personaje, según Mantilla
Herrera (Libro Lebrija Pag. 33-34) no estuvo
en América antes de 1.536, no anduvo
con Alfinger en ninguna de sus dos expediciones
y no estuvo en las tierras de Santander correspondientes
al imperio Guane.
El Primer apellido Lebrija,
de procedencia española, oficializado
en América, es el de Ana Lebrija de Alfaro,
hija de Bartolomé Lebrija, posible hijo
de don Elio Antonio. Entró el 5 de mayo
de 1.564 con licencia 5221 a Santo Domingo como
funcionaria del gobierno español. El
relato de toda la cronología de la conquista,
en el Manual de Historia de Colombia del Instituto
Colombiano de Cultura, permite asegurar que
don Elio Antonio de Lebrija, en la época
de don Gonzalo Jiménez de Quesada en
América, ya no vivía; él
nació en 1.441 en Lebrija y murió
en Alcalá de Henares en 1.522
Evolución del
municipio
Desde la institucionalización
del Llano de los Ángeles como municipio,
Lebrija y todo su territorio ha tenido frecuentes
altibajos en su crecimiento y desarrollo. Ha
sido importante por sus productos agrícolas,
por el comercio del tabaco, la quinina, el café,
la caña de azúcar, la piña
y los cítricos. Por su producción
maderera del Cedrito, Cuzamán, Sardinas,
La Victoria, El Centenario, El Líbano,
La Girona y Marta, la ganadería del Conchal,
Vanegas, Chuspas y Provincia, Vega Rica, la
Renta y Portugal. Por la producción porcina
y avícola de la zona central del municipio.
Muy importante en las décadas de los
30 y los 40 del pasado siglo por su avance cultural
con la Escuela Normal de Varones, las escuelas
urbanas, Las Granjas Campesinas, la Escuela
Hogar de Portugal para los hijos de los desterrados
por el mal de Hansen y la biblioteca municipal.
El Tirabuzón le
dio la vida en el siglo XIX; y la vía
carreteable de Bucaramanga al pueblo en los
años 20 y 30 del pasado siglo, la oxigenó;
pero, la terminación de la carretera
a Barrancabermeja y la construcción del
ferrocarril a Puerto Wílchez le acortaron
su respiración. El final del siglo XX
y el comienzo del XXI la resucitaron y su desarrollo
de ahora es más importante que el de
los años dorados del pasado.
A pesar de que su suelo
ha tenido escenarios de paz y de guerra, su
gente se mantiene siempre feliz, optimista,
altiva, proactiva y de brazos abiertos extendidos
con amor al visitante. La demografía,
en muchos años, desde cuando su territorio
comprendía a Sabana de torres, ha oscilado
entre 20 y 23 mil habitantes. Su población
urbana ha crecido aceleradamente (8.854 habitantes.)
y la rural se conserva en más de 15.454.
El nuevo censo nacional se encargará
de confirmar su crecimiento poblacional. Sus
campos son emporios de verdura, de frutales,
de pastos, aves y ganado.
La Lebrija de hoy es
pujante en su comercio; ha tenido la transición
del solar y de las casas coloniales, al modernismo
urbano de las restauraciones. Apreciar la canalización
de la quebrada de Las Raíces, su parque,
sus calles principales amplias y con senderos
peatonales, la arquitectura acorde con el crecimiento
de su vida comercial y cultural, expresan que
la evolución orientada por las administraciones
de voto popular ha llegado y que sus gobiernos
quieren ver y seguir viendo a su terruño
transformado, culturizado y embellecido, sin
que su fisonomía colonial desaparezca
por completo.
El aeropuerto de Palonegro
construido para la ciudad de Bucaramanga y la
zona metropolitana, está en los predios
de Lebrija. Ya, con orgullo, escuchamos a diario
que las auxiliares de vuelo de las aerovías
nacionales que ocupan su pista, no hablan del
aeropuerto de Bucaramanga sino del Aeropuerto
de Palonegro del municipio de Lebrija. Con su
presencia, en algo, se cubre el manto negro
de los recuerdos nefastos de aquella batalla
fraticida del 11 al 25 de mayo de 1.900 en la
que murieron muchos, muchos combatientes colombianos.
La iglesia centenaria
de San Pedro Apóstol, de arquitectura
árabe, se levanta majestuosa con sus
inmensas naves, su cúpula de dombo y
sus torres blancas apuntando al infinito. Su
templo es el monumento con el que se reconoce
que Lebrija, desde Cantabria, es producto de
la presencia de la Iglesia Católica en
el inicio y evolución de nuestro pueblo,
a la par con las gestiones de los diferentes
gobernantes que la han hecho crecer.
Lebrija es nuevamente
centro cultural en el departamento. Sus colegios
oficiales del sector urbano y el de Portugal,
los privados, y más de 50 escuelas rurales,
garantizan que la juventud del municipio estará
alfabetizada y culturizada. Para la formación
técnica, agrícola y agropecuaria
del oriente colombiano, se desarrolla el Proyecto
Cuzamán que ya cumple un buen porcentaje
en su ejecución.
Para fortalecer el sentido
de pertenencia, el amor a nuestra tierra y el
respeto a nuestras costumbres, la Alcaldía
Municipal institucionalizó el Himno,
la Bandera y el Escudo de Lebrija, y definió
el día 3 de octubre, como el día
del ciudadano Lebrijense.
Don Pablo Rueda Arciniegas,
el día que recibió la condecoración
con la Cruz de Palonegro, por haber escrito
la letra del Himno a Santander y por sus múltiples
obras escritas, dijo: “Será perenne
mi gratitud por haberme proporcionado esta dicha
inconmensurable de estar de nuevo entre mi gente,
de sentir una vez más el orgullo de llamarme
hijo de Lebrija; de esta Lebrija gloriosa en
su pasado, vigorosa en su presente y promisoria
en su futuro” Con sobrada razón
siempre se ha dicho que Lebrija es tierra de
promisión. Por ello, como don Pablo Rueda,
seamos siempre gratos con nuestra tierra, valoremos
nuestro suelo, su gente, sus tradiciones y sus
costumbres.
Con el sentido de pertenencia
por nuestra tierra y con el anhelo de crecer
día a día, Lebrija está
empeñada en tener, para mostrar, a muchos
Rueda Arciniegas, Rueda Rueda, Diettes Pérez,
Herrera Luna, Ríos Salazar, Mantilla
Herrera, Reyes Serrano, Cordero Reyes, Vásquez
Arenas, Martínez Trillos, Antonias Cardoso,
Serrano Stella, Prada, Lesmes, Jaimes, y muchos
otros, que, desde el pasado y en el presente,
le han dado y están dando crédito
y honor a la cultura de los Lebrijenses.
Reseña geográfica:
Hidrografía :
El municipio de Lebrija está localizado
en la parte media de la cuenca del río
Lebrija que pertenece a los principales sistemas
hidrográficos del Departamento de Santander
del Sur. En este sector se presentan subcuencas
y micro cuencas tributarias a la cuenca principal
del río Lebrija tales como la subcuenca
de Lebrija Medio que está compuesta por
la micro cuenca de La Angula a la cual le tributan
las quebradas Las Lajas, La Aguirre, La Puentana,
La Tigra, La Lagunera, Piedra Azul y Torcoroma.
La micro cuenca La Cútiga es la segunda
en tamaño de área de la subcuenca
del río Lebrija. La subcuenca recibe
varios pequeños afluentes de la vereda
Montevideo que se agrupan bajo el nombre Montevideo
- Vanegas todos de cortos recorridos y pequeños
cauces muy torrentosos en época de invierno.
De mayor importancia, por caudal, es la micro
cuenca de Vega de Pato, que recoge las aguas
de la Vereda La Estrella y desemboca en la vereda
Chuspas. Con el nombre de Chuspas se agrupa
una serie de pequeñas corrientes, permanentes
o no, que tributan al Lebrija. Separando al
municipio con el de Sabana de Torres, corre
la quebrada Las Doradas, que da su nombre a
dicha micro cuenca.
A la subcuenca Sogamoso
Medio le tributan las micro cuencas del Río
Sucio, La Leona y La Negra – Pujamanes.
La micro cuenca la Leona tiene especial importancia
por los fenómenos de remoción
en masa que se presentan en su área de
influencia, que se constituyen en factor de
desestabilización para la vía
Bucaramanga Barrancabermeja. La micro cuenca
La Negra – Pujamanes tiene especial importancia
por el potencial de aporte de agua para las
concentraciones poblacionales del municipio.
El sistema hidrográfico del municipio
corresponde a la subcuenca Lebrija –Alto
identificada con el código 2319-6. El
caudal medio multi anual calculado para la cuenca
es de 150,3 m3/s y el máximo multi anual
es de 462,9m3/s. La zona baja de la cuenca es
de características inundables
Límites del municipio:
Lebrija limita por el oriente con el municipios
de Girón; por el occidente, con el municipio
de Sabana de Torres; por el norte con el municipio
de Rionegro, y por el sur con Girón.
Extensión total: 549,85km2 (54985Ha)
Km2
Extensión área urbana: 2,4943
Km2
Extensión área rural: 547,3557
Km2
Altitud (metros sobre el nivel del mar): 1050
metros sobre el nivel del mar ( m.s.n.m.)
Temperatura media: 23° Centígrados
Distancia de referencia:
22 Km De la Ciudad de
Bucaramanga