El municipio de San Diego
ofrece a sus visitantes diversos eventos que
fomentan la cultura, el folclor y la religiosidad
de sus habitantes, entre ellos se celebran el
Festival de Acordeones, Versos y Canciones celebrado
en junio, el festival de Voces, Versos y Canciones
del barrio La Victoria en diciembre, las fiestas
de la Virgen del Perpetuo Socorro que se celebra
el segundo domingo de junio, las de la Virgen
del Carmen el 16 de julio la de San Rafael que
se celebra el 24 de Octubre en el corregimiento
de los Tupes, el festival del Aguacate en el
corregimiento de Media Luna, el cumpleaños
de nuestro Señor Jesucristo y la Hermosísima
Semana Santa.
Lo que hoy es San Diego, está localizado
a corta distancia al oriente, del pueblo de
Los Tupes, gran centro poblacional y ceremonial
de los indios del mismo nombre, que aún
en el siglo XVIII, tenían en la región
presencia viva y dinámica, como lo destaca
Nicolás de la Rosa cuando seña
que “Estos indios aún conservaban
ahora pocos años parte de su idolatría,
manteniendo en lo más interior de aquella
montaña un caney grande, que llamaban
El Tupe en que se juntan a rendir adoración
y pedir vaticinios a un muñeco que allí
tenían pendiente de una biga…”.
El sitio del poblado
actual, está localizado en cercanías
de lo que era el hato conocido con el nombre
de Uniaymo, nombre que corresponde a uno de
los caciques que se enseñoreaba en esa
región, bastante conocido en el contexto.
A comienzos del XVII,
el capitán Cristóbal de Almonacid,
oriundo de Almonacid de la Sierra, en la provincia
de Zaragoza, de la comunidad autónoma
de Aragón, en España y repoblador
de Becerril de Campos; recibió órdenes
del gobernador de Santa Marta, capitán
Gaspar Mendoza, de trasladarse a Becerril con
cincuenta hombres a pacificar los indios Tupe,
que amenazaban con repetir los ataques a Valledupar,
población que había sido atacada
nuevamente por estos naturales al amanecer del
7 de mayo de 1609.
La presencia de Almonacid,
significaría un proceso de contención
de los naturales de la región, en lo
correspondiente a la franja conformada entre
el río Cesar y Serranía de Los
Motilones, desde La Paz hasta El Rincón,
o sea, La Jagua de Ibirico para lo cual se emplearon
métodos no precisamente de apaciguamiento
civilizado sino de aniquilación por medio
de las armas de fuego y otro tipo de artimañas
propias de los militares españoles.
Ese Proceso fue al mismo
tiempo la ocasión para la fundación
de hatos en dicho territorio. Según arraigadas
tradiciones locales, aunque sin fuentes documentales
que las sustenten, el doblamiento de hatos de
la región de San Diego se habría
iniciado a comienzos del siglo XVII, y según
los historiadores sandieganos, en el año
1609, fecha que coincida con la presencia de
Almonacid en la región.
Para esta ocasión,
habrían hecho aparición los primeros
vaqueros procedentes de Valledupar, que se encontraba
más poblada y desde allí se ejercían
varias instancias de poder.
Dichos vaqueros, habrían
sido autorizados desde la capital de la provincia,
Santa Marta, con el ánimo de explorar
nuevos sitios para incrementar en la región
la cría de ganado aprovechando las sabanas,
los playones del Río Cesar y el pie de
monte de la Cordillera Oriental, en donde abunda
tierras apropiadas para la cría de ganado.
Señalan las mismas versiones, que entre
los primeros pobladores, a estas sabanas llegaron
inicialmente los hermanos Andrés, José
María y Asisclo Arzuaga, quienes tomaron
posesión de tierras e implementaron allí
un hato, conocido como “Hato de Uniaymo”,
en honor al ya mencionado cacique de los Tupe.
El hato estaba localizado a orillas del Río
Chiriaimo que aún en la actualidad conserva
su nombre ancestral, aunque con un caudal bastante
disminuido, debido al uso indiscriminado e irracional
que se le ha dado a sus aguas en época
reciente.
Dadas las características
de las tierras bajas de este valle, localizadas
a orillas del rió Cesar, inundadizas
en invierno pero abundantes en pastos durante
el verano, se impuso el tipo de hato o ganadería
trashumante que en los veranos conducían
los ganados hacia la orilla del Río,
mientras las viviendas del hato permanecían
solas, vigiladas por un esclavo de nombre Diego
Nevado, quien habría llegado a estas
tierras comisionado por el gobernador de Santa
Marta, en calidad de esclavo pacificador, en
cumplimiento de lo cual, celebró un tratado
de paz con el cacique Coroponaimo, luego de
que éste desmontó e hizo retirar
al Capitán Almonacid.
Debido a su capacidad
de trabajo y al esmero en el cuidado de los
bienes que le habían confiado, Diego
Nevado se habría convertido en mayordomo
del hato de Uniaymo y en razón de ello
se hizo merecedor del tratamiento de Don Diego
que le daban los Arzuaga. No se le conoció
mujer, ni hijos, pues cuando llegó a
estas tierras ya era un hombre avanzado en años,
enfermo y físicamente deteriorado.
En efecto, tenía
el esclavo Diego una pierna hinchada a consecuencia
de una fuerte enfermedad de gota, razón
por la cual le llamaban con los apodos de “Diego
el Patón” y “Diego Pata”.
Algunos pobladores le reconocen a Don Diego,
la autoría de la fundación de
San Diego, e incluso con el título de
capitán, en fecha precisa correspondiente
al 18 de julio de 1609. Versión que no
deja de ser contradictoria en sí, pues
Nevado habría llegado mucho tiempo después
de la llegada de los hermanos Arzuaga, la cual
supuestamente ocurrió en el mencionado
año.
Todo indica por tanto
que en el caso de San Diego no hubo fundación
en sentido estricto, y que lo ocurrido allí,
correspondió más bien a un proceso
de ocupación de tierras por colonización,
a partir del cual se fue dando la aglomeración
de vecinos; que en un principio no fue muy numerosa.
Pero en caso de haber
ocurrido una fundación, ésta correspondería
a los señores Arzuaga, ya que fueron
ellos los primeros en plantar sus reales en
la región y bastante tiempo después
empezaron a aparecer nuevos colonos, entre ellos
Nevado, quienes atraídos por la fertilidad
y la bonanza de la tierra, empezaron a civilizarlas
y a delimitar las propiedades, el crecimiento
del pueblo fue así cada vez más
próspero, aunque todo indica que sus
inicios fueron bajo la forma de una aldea dispersa,
conformada por hatos, de vecinos que se localizaban
a regular distancia unos de otros. Según
ésta versión, el hecho de haber
sido fundado por Diego Nevado, hizo que el apelativo
con el que se le conoció, le fuera asignado
al pueblo, que a partir de ese hecho comenzó
a llamarse como el Pueblo de Diego Pata, para
quedar finalmente, por la abreviación
propia que impone el uso, solamente como Diego
Pata con el cual fue conocido hasta bien avanzado
el sigo XIX. Durante el siglo XIX, el pueblito
comenzó a crecer con cierta rapidez,
ganándole en empuje al pueblo de Los
Tupes, después de que este tuvo durante
la colonia una posición privilegiada,
debido a su localización a orillas del
río Cesar y a la abundancia de hatos
ganaderos que había en su entorno, los
cuales eran favorecidos por la calidad de sus
tierras ribereñas, además de ser
punto de referencia obligado en el camino que
desde Valledupar conducía a Chiriguaná,
pasando por Espíritu Santo.
Ese crecimiento le otorgó
reconocimiento dentro de la organización
del estado colombiano, a partir de la segunda
mitad del siglo XIX.
Su primera figuración
formal en este siglo, según lo relaciona
el anuario Estadístico del Cesar, correspondiente
al año 1988, fue la que obtuvo “el
16 de octubre de 1852 por medio de la Ordenanza
No. 16 de la Cámara provincial de Valle
de Upar, creó el Distrito Parroquial
de Arzuaga formado por Diego Pata y Estación
Vieja.
Este Distrito fue creado
en honor de Arcisclo Arzuaga”. De esta
ordenanza no se ha encontrado soporte documental,
pero se le da credibilidad por venir de un documento
oficial como es el Anuario Estadístico
del Departamento.
Se destaca de ésta
referencia, que ya se acepta como nombre oficial,
el de Diego Pata, que como se indicó
antes, se le daba desde sus inicios.
l municipio de San Diego pertenece a la zona
nor-oriental del Departamento del Cesar y tiene
una superficie territorial de 670 Kilómetros
cuadrados, que limitan por el norte, el oriente
y el sur con el municipio de La Paz; y por el
occidente con el municipio de Valledupar, con
el río Cesar en medio.
Se encuentra localizado
a 180 metros de altura sobre el nivel del mar,
siendo su temperatura promedio de 27ºC
en la cabecera municipal y en las estribaciones
de la Serranía del Perijá oscila
entre 15º y 20ºC.
El territorio municipal
comprende dos regiones perfectamente definidas,
una zona plana y baja de altas temperaturas,
localizadas en la llanura del Río Cesar
en cuya cercanía se encuentran tierras
anegadizas; muy aptas para el desarrollo de
agricultura tropical y ganadería.
La otra región
corresponde a la zona montañosa de las
estribaciones de la Serranía de Perijá,
donde están localizados los corregimientos
de Tocaima, Media Luna y El Rincón y
por naturaleza climática, tiene tierras
propicias para la agricultura de climas medios.
El municipio cuenta con
un sistema fluvial que lo baña; constituido
por un conjunto de caudales, afluentes la mayoría
del Río Cesar. Esta riqueza hídrica,
aunque no aprovechada racional y planificadamente,
ha facilitado los regadíos para la agricultura
tecnificada y la ganadería en forma casi
permanente.
Entre los principales
caudales están: El Chiriaimo, El Tocaimo,
El Salado, El Perú, El Piecito, El Ceras
y una ramificación de Acequias afluentes
de estos caudales; además del Río
Mocho, que marca límites con el territorio
de La Paz.
El marco topográfico
donde se encuentra el asentamiento de San Diego,
presenta las mismas características de
todas cabeceras municipales del departamento.
La malla urbana está
ordenada según el sistema de la cuadrícula
española con manzanas de 80 x 80 metros
de lado regular, con aceras y andenes dispares,
que para cada caso tienen niveles diferentes.
Aunque en el sector antiguo, es decir, el centro
del poblado, la cuadrícula no es tan
precisa.
La cuadrícula
española que ha sido el patrón
de urbanización y ordenamiento en San
Diego no obedece a un principio racional, sino
a una tradición, la cual ha hecho que
la conformación urbana sea de tipo disperso,
presentándose grandes aras sub-utilizadas
de tierra, en el interior de las manzanas, lo
cual en muchos casos propicia la aptitud de
productivos. Por esta razón el área
urbana es extensa, comparada con la densidad
de su población.
Límites del municipio:
San Diego limita al norte con la capital Valledupar.
Al Sur con el municipio de Agustín Codazzi.
Al Nororiente con el municipio de la Paz.
Al occidente con la capital del cesar.
Extensión total:
El municipio tiene una
extensión territorial de 670 kilómetros
cuadrados. Km2
Altitud de la cabecera municipal (metros sobre
el nivel del mar): 180 metros sobre el nivel
del mar
Temperatura media:
Presenta una Temperatura
promedio a los 27 °C. º C
Distancia de referencia:
Dista de Valledupar en
20 minutos de recorrido por carretera pavimentada
en asfalto, en una longitud de 20 Kilómetros
aproximadamente.