Desde la época
precolombina esta era una región habitada
por tribus amerindias, especialmente los Chimilas,
de familia lingüística Chibcha.
Luego llegaron
los españoles y con ellos la conquista
y la colonización, lo cual dio lugar
a la triple mezcla de tipo racial y cultural
que hoy caracteriza a la gente de Valledupar,
dado que con ellos llegaron también los
esclavos de raza negra traídos de África
a principios de siglo XVI.

Aunque en 1544
hubo una fundación dirigida por Francisco
de Salguero, esta no fue reconocida oficialmente;
la fundación definitiva tuvo lugar el
6 de enero de 1550 por parte del capitán
español Hernando de Santana, quien bautizó
este asentamiento con el nombre de Ciudad de
los Santos Reyes del Valle del Cacique Upar,
en honor al cacique que gobernaba estos pueblos
indígenas y en consideración a
la fiesta católica que se conmemora en
esa fecha.
Este fue uno de los primeros territorios en
América que se levantó contra
el régimen monárquico español,
hasta lograr su independencia el 4 de febrero
de 1813, según consta en acta cuyo texto
puede leerse en una placa a la entrada del edificio
donde funciona la Alcaldía de Valledupar.
Es una fecha que por lo general ha pasado inadvertida;
el año pasado, el alcalde Rubén
‘AVA’ Carvajal organizó actos
conmemorativos y ordenó por decreto que
en adelante se celebren actos para recordar
esa efemérides.
En 1850 Valledupar se convirtió en capital
de Provincia y en 1864, fue erigida capital
del Departamento del Valle de Upar del Estado
Federal del Magdalena, con sede presidencial
en una de las más tradicionales casas
de la Plaza Alfonso López.
Con los cambios
administrativos pasó a ser un municipio
del Departamento del Magdalena y entonces la
región entró en un gran letargo
debido a su dependencia política de Santa
Marta. Eso cambió radicalmente a partir
de 1967, cuando un grupo de vallenatos logró
la cristalización del sueño de
independizarse del Magdalena, al expedirse la
ley 25 que creó el nuevo departamento
del Cesar y designó como su capital a
Valledupar, que desde entonces aceleró
su desarrollo y comenzó a ser visible
en el ámbito nacional.
A Valledupar se le conoce como capital mundial
del vallenato porque aquí nació
la música colombiana más conocida
en el mundo, conformada cuando el acordeón,
instrumento de origen europeo, enamoró
a la guacharaca de los nativos indígenas,
y a la caja de la raza negra, que juntos son
el acompañamiento perfecto para la inagotable
producción poética de los compositores
de esta región.
La más
grande expresión de esta música
se da anualmente en el Festival de la Leyenda
Vallenata, que es una de las más importantes
fiestas culturales en Colombia.
Desde hace 41
años, cuando fue creado por Alfonso López
Michelsen, Consuelo Araujonoguera, el maestro
Rafael Escalona y otros vallenatos, elige como
Rey Vallenato al que mejor interprete el acordeón
en un evento que concentra miles de turistas
de Colombia y del mundo.
Más allá de la música,
hay más para ofrecer en materia cultural,
como sus danzas, entre ellas El Pilón,
en el cual dos grupos de parejas danzaban por
las calles al ritmo de versos que sus capitanes
iban improvisando en sana competencia; el pilón
se mantiene vigente con el desfile de piloneros
que anualmente abre el Festival Vallenato.
También
perduran danzas centenarias como el Chicote
y Las Cucambas, de las etnias indígenas
que habitan las estribaciones de la Sierra Nevada.
El atractivo de esta ciudad incluye leyendas
como la de Santo Ecce-Homo, de cuya aparición
se cuenta que ocurrió luego de que un
desconocido pidiera herramientas para construir
una imagen y se encerró en la iglesia
durante muchos días, al final de los
cuales, al abrir, encontraron que el hombre
había desaparecido y en cambio estaba
la nueva figura del Ecce-Homo.
Otra leyenda,
la del Milagro de la Virgen, conmemorada el
29 de abril, es recreada todos los años
por sus devotos con la dramatización
‘Las Cargas’, para recordar la forma
en que los españoles fueron salvados
milagrosamente por la Virgen del Rosario del
incendio de la ciudad y del envenenamiento con
barbasco que los indios les prepararon para
vengar la afrenta cometida por la esposa de
un español contra una de las indígenas
a su servicio.
También
es famosa la leyenda de La Sirena en que se
convirtió una joven al bañarse
en Semana Santa en el Río Guatapurí,
desobedeciendo a sus padres, que se lo habían
prohibido para mantener una vieja tradición.
Se suman las celebraciones de semana santa en
Valledupar y Valencia de Jesús, que están
entre las más lucidas de la región.