Baraya, más
conocido como la Tierra del Eterno Retorno,
es un lugar de gran importancia para el desarrollo
integral de la región, el cual está
localizado en el área superior de la
cuenca del Río Grande de la Magdalena,
más específicamente, hacia el
norte del territorio huilense.
Para llegar
a él, basta con hacer un recorrido que
no supera los 37 kilómetros desde Neiva,
capital opita, lo cual permite a propios y extraños
visitar a esta agradable localidad, situada
sobre una suave pendiente y caracterizada por
un árido paisaje, derivado de su estrecha
cercanía con el Desierto de la Tatacoa.
Esta proximidad, precisamente, le atribuye a
Baraya rasgos propios de la zona del alto Magdalena,
como la resequedad de sus terrenos y la presencia
de vegetación xerofítica. Superficie:
71932 has Altitud: 800 msnm Temperatura: Máxima
28°C Mínima 10°C.
El territorio
de este municipio formo parte de la jurisdicción
de Villavieja con el nombre de la nutria, probablemente
por el nombre de la quebrada que la baña.
Buena parte del área de Baraya, comprendía
los linderos de la hacienda conocida actualmente
también como Reyes, así nombrada
posiblemente por haber sido su primitivo dueño
el señor presbítero Mario Tadeo
de reyes, cura de Neiva.
Es de anotar
que la Hacienda Reyes tenía la mayor
parte de los territorios de los actuales municipios
de Villavieja, Tello y Baraya. Los primeros
habitantes que tomaron posesión de las
tierras de la nutria, fueron los indios Guarocoes
y los Nutrios, dedicados a la agricultura fundamentalmente.
En 1841 ya se
mencionaba como la región de Santa María
de la Nutria. Después se empezó
a fundar un caserío pajizo, incentivado
principalmente por le comercio de quinas, la
que era explotada en la región de Guayabero
y servía para combatir el paludismo especialmente.
Esta circunstancia motivó a muchos comerciantes
a desplazarse al lugar fomentando esta actividad
y dándole a Baraya mayor auge en este
campo en años posteriores.
En 1856 no tenía
capilla ni cementerio y es así que su
importancia no era otra que un paradero de negociantes
en quina y ganados. La ferocidad de los terrenos,
la salubridad del clima y la fertilidad de la
zona, llamaba la atención de muchos comerciantes
y de las personas dedicadas al pastoreo. Esta
circunstancia permitió contar en poco
tiempo con gentes distinguidas para el ejercicio
de las actividades públicas y para consolidar
capitales por las riquezas naturales que ofrecía
la zona, no solo como aldea sino como distrito.
Esto dio motivo
para que fuera erigida como la “Aldea
de la Nutria” por disposición de
la ley 5 de diciembre de 1870. La asamblea legislativa
del estado soberano del Tolima, por ley 51 de
1884...”Por gratitud y con el loable propósito
de inmortalizar el nombre del prócer
de la independencia, general Antonio Baraya
Ricaurte, solicitan (los vecinos) se cambie
el nombre de la Nutria por le de Baraya”
restableció la extinguida Aldea de la
Nutria con el nombre de Baraya, por los mismos
límites que le asignó a la aldea
de la Nutria la ley 5 de diciembre de 1870.
Por decreto
No. 157 de 28 de septiembre de 1885, el señor
gobernador civil y militar del estado, general
don Manuel Casablanca, dispuso: Restablecer
la ladea de Baraya por la misma demarcación
que le fijó la última ley del
estado sobre la materia. El territorio de la
ladea queda segregado del distrito de Villavieja
desde la fecha de publicación de este
decreto.