Filandia se
encuentra ubicada al norte del Departamento
del Quindío a los 4 grados 41 segundos
de latitud norte y en los 75 grados 40 segundos
de longitud oeste, en los ramales occidentales
de la cordillera central, se encuentra a una
altura de 1.923 metros sobre el nivel del mar
y una temperatura promedio de 18 grados centígrados,
limita por el norte con el departamento de Risaralda,
por el sur con el municipio de Circasia, por
el oriente con el municipio de Salento y por
el occidente con el municipio de Quimbaya. Tiene
una extensión territorial de 10.053 hectáreas
y una población de 15.710 habitantes.
El territorio
que hoy constituye el Municipio de Filandia
estuvo habitado antes de su fundación
por una parte de la tribu indígena Quimbaya.
No fueron beligerantes ni agresivos, porque
los Quimbayas poseían el buen sentido
de la organización y el trabajo, pero
conservaron el instinto de la guerra y se prepararon
para ella con lanzas y dardos envenenados; amparados
por la forma natural de terrenos abruptos y
selváticos defendieron con dignidad a
sus mujeres, su familia y sus cultivos y prefirieron
sepultarse con sus riquezas y tesoros a entregarse
al usurpador europeo.
Filandia hacia
parte de la “provincia Quimbaya”,
denominada así por los conquistadores
invasores españoles que llegaron en búsqueda
de oro en el periodo de la colonia en 1.540.
Los Quimbayas
Aspecto físico:
eran bien parecidos. Usaban taparrabos, se pintaban
la piel con achiote y venados, pinturas negras
y azules que extraían de algunas plantas.
Se adornaban con pulseras, collares, zarcillos,
pectorales y penachos de plumas.
Ocupaciones:
la base esencial de la economía era el
cultivo del maíz y la yuca, complementando
la dieta alimenticia con pescado, miel de abejas,
frutas como aguacate, guayaba, guamas, chontaduros,
caimito, etc. Elaboraban chica de maíz,
cazaban venados, dantas, borugos, armadillos.
Conocieron la utilidad de la sal y la obtenían
evaporando las aguas de algunas fuentes saladas
ubicadas en el territorio.
Comercio: intercambiaban
sal, mantas y objetos orfebres por otros productos
escasos de la región. Orfebrería:
se hicieron famosos por su forma de trabajar
el oro. Hacían estatuillas de gran belleza,
brazaletes, pectorales, alfileres, pulseras,
narigueras, poporos, etc. Trabajaban el oro
y la “tumbaga” (aleación
del oro y el cobre) como lo demuestra el conjunto
de piezas de orfebrería que se conoce
con el nombre de “TESORO QUIMBAYA”
.
Este tesoro
fue descubierto en 1.890 en el paraje de la
vereda la soledad en la vía que de Filandia
conduce a Quimbaya.
Estaba compuesto
por 122 piezas de oro que formaban el ajuar
funerario de seis aborígenes de gran
importancia dentro del pueblo Quimbaya y que
hoy se encuentran el Museo Arqueológico
de Madrid. Cerámica: sobresalieron también
en la elaboración de objetos en barro
como ídolos ceremoniales, copas, cuentos,
incensarios, ánforas, rodillos, etc.
La vivienda:
sus casas eran pequeñas, con el techo
formado por hojas de caña. Estaban ubicadas
en lo alto de las lomas y cerca de ellas las
sementeras, formadas por surcos verticales que
descendían en el sentido de la pendiente.
Sobre los ríos tenían puentes
construidos con guaduas atadas fuertemente con
bejucos.
En los territorios
de la actual Filandia, construyeron sus viviendas
sobre la cúspide de las colinas, del
característico relieve ondulado del piedemonte
cordillerano Armas: utilizaban arcos, flechas,
macanas, trampas o fosas donde caían
fácilmente los enemigos.
LOS PRIMEROS
COLONIZADORES
Viene don Felipe
Meléndez y funda la nueva ciudad de Filandia”
No es él precisamente el primero que
pisa esta comarca porque ya Bolívar había
descansado con sus tropas el 5 de enero de 1830
de paso para Boquia, Mariquita y Bogota, y queda
el camino expedito para el intercambio de comercio
y viajeros entre los estados del Cauca, Antioquia
y Tolima, además estas tierras ya habían
sido recorridas y exploradas por los guaqueros.
Procedentes
de la tierra paisa, justamente el 20 de agosto
de 1878, unos a pie, otros a caballo y los demás
con mulas cargadas de herramientas, cobijas,
esteras de hiraca, mujeres y niños llevados
en angarillas, provisiones y animales domésticos,
entran por la que hoy se llama “CALLE
DEL EMPEDRADO” del barrio el Recreo, don
Felipe Meléndez, hombre de gran cultura
y empresa acompañado de los valientes
descuajadores de montañas, labriegos
e industriales señores José León,
Carlos Franco, Eliseo Buitrago y tantos otros,
observan el sitio ideal para levantar la gran
ciudad cuyos cimientos se hunden en el contrafuerte
occidental del macizo colombiano frente a la
gigantesca cordillera, cubierta en parte por
las nieves perpetuas, de picachos empinados
y clima fresco, con aire purificado por la espesa
selva, e inspirado en la belleza del paisaje,
sonríe con ademán pletórico
y sin vacilar un instante la bautiza con la
hermosa acepción formada del latín
y del ingles “FILIA, hija; “LANDIA”,
Andes; “HIJA DE LOS ANDES”